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En el Parque Nacional Serengeti, los campamentos para refugiarse en medio de la sabana no tienen ninguna protección especial: si bien es posible sentir los movimientos de los animales y el preocupante resplandor de los ojos de los carnívoros, más allá de la intranquilidad natural raramente pasa algo. Para los guías y los guardaparques del Serengeti la cerca electrificada es una crueldad innecesaria. Los leones, afirman, tienen por lo general miedo de los seres humanos y basta con un par de fogatas para mantenerlos al margen. Y, de hecho, se pasa una noche tranquila si se logra hacer caso omiso de los rugidos y movimientos de las bestias.

El Serengeti, es territorio de los ñus, las cebras y los leones desde hace miles de años. Los habitantes de la zona, los masai, una etnia de guerreros y pastores, convivieron históricamente con el ambiente, cuidando su ganado y cazando los leones que intentaban acabar con sus vacas a golpe de lanza. Ahora son cuidadores de lujo de la naturaleza.

Toda la zona se puede visitar en cualquier época del año, pero la mejor es, sin dudas, el momento de la gran migración, entre mayo y junio. En ese momento, una cantidad aproximada de un millón de ñús, más cientos de miles de otros antílopes y cebras, se desplazan unos 600 kilómetros en busca de mejores pastos y agua.

El espectáculo es impresionante en todo sentido, una expresión mayúscula de la lucha por la supervivencia. Las manadas son enormes y hacen tronar la superficie, mientras los carnívoros siguen a los animales migrantes atraídos por la oportunidad de caza fácil. Muchos animales mueren aplastados o en las fauces de leones, guepardos, leopardos, hienas y otros cazadores menores. Es, también, la gran oportunidad para los documentalistas, que filman estas escenas desde hace décadas. En la estación seca, de octubre a noviembre, los animales vuelven hacia el sur desde el Masai Mara.

Vía: Página 12
Imagen: Tripadvisor